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Oscar Samuel Rodriguez Aguilar |
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“Salí un día con unos amigos, buscábamos una Iglesia en donde estuvieran confesando, llegamos a la Basílica de Nuestra Señora del Rosario; un fraile estaba rezando el Rosario en el atrio de la Basílica, era fray José Quílez. Así fue como conocí la Orden. Después de algunos meses de ir a la basílica ingresé al proceso de discernimiento vocacional con el promotor fray Mario Torres. Actualmente, como parte del proceso de prenoviciado, trabajo en el Equipo de formación laical San Alberto Magno, en el cual damos formaciones a grupos laicales y a colegios. Se han desarrollado varias actividades en las cuales se ha podido transmitir de forma creativa los conocimientos solicitados y los que hemos propuesto. Lo que admiro de la Orden es la pluralidad de misiones que se desarrollan en el mundo, pero especialmente en Centroamérica; esencialmente el acompañamiento compasivo a los más necesitados. Es cierto que cuando conoces a un dominico no puedes decir que ya tienes una idea de que así son todos los dominicos, ya que en la Orden te dejan ser como uno es. Por esas razones me gustaría ser dominico, ya que la exigencia en grande, y tienes que mejorar cada día para realizar mejor la misión que se te sea asignada, no debes quedarte en un punto de comodidad, sino que, siempre buscar mejorar, y es en eso lo que reta la Orden, ser mejor cada día.”
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